Cementos Alfa: las cosas que nunca se dicen

Tribuna Libre

JESÚS MARÍA PUENTE/SECRETARIO DE SALUD LABORAL Y MEDIO AMBIENTE DE CC OO CANTABRIA


Desde que la empresa Cementos Alfa hizo público su proyecto de valorización energética muchos son los argumentos que se han planteado a favor y en contra del citado proyecto. CC OO quiere, por ello, seguir aportando al debate su opinión basándose únicamente en evidencias científicas rigurosas, con la intención clara primero de informar y, en segundo término, de colaborar con todas los agentes implicados en la búsqueda de soluciones alternativas respetuosas con el medio ambiente y adaptadas a la normativa legal actual.

Es lógico, por otro lado, que la opinión pública en general, y los diferentes colectivos afectados o asociaciones sociales y ecologistas en particular, sientan incertidumbre ante este tipo de proyectos. No en vano la realidad nos demuestra que, si bien es cierto que este proyecto puede suponer para la empresa un ahorro energético, no lo es menos que desde el punto de vista ambiental la reducción de gases invernadero que su puesta en marcha plantearía no compensa en modo alguno la emisión de otros contaminantes.

Así, cuando hablamos de utilizar como combustible de sustitución al coque de petróleo a una variedad de sustancias debidamente acondicionadas para su introducción al horno (fuel Blending), en verdad se debe hablar de materia que no se puede destruir y que únicamente se transforma, tal y como ocurre en los casos de los compuestos organoclorados que se emiten por la chimenea del horno asociados a partículas muy finas y que, en el caso de los metales pesados, se fijan en el clínker pero no quedan encapsulados, ya que ese polvo tiene movilidad y se puede respirar.

Tampoco estamos de acuerdo con la teoría que emplea la empresa de que el proyecto es ecológicamente bueno, sensible y tecnológicamente avanzado, simplemente porque en el resto de Europa se haya apostado por la coincineración. Y no lo estamos porque este hecho no significa que sea la mejor técnica disponible para ahorrar energía o para gestionar los residuos considerados peligrosos, no ya sólo porque se puedan inflamar, sino también y sobre todo por la propia composición tóxica que presentan estos materiales.

En este sentido, queremos aclarar algunas cuestiones que sobre este asunto han aparecido hace algunas semanas en los medios de comunicación regionales.

En primer lugar, hay que señalar que el fuel blending contamina porque, como se ha apuntado anteriormente, se compone de una variedad de sustancias que son persistentes y resistentes a la degradación en el medio ambiente, entre las que se encuentran aceites bifenilos policlorados (PCBs), naftalenos policlorados, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP´s), numerosos compuestos orgánicos volátiles (COVs), bencenos clorados y metales pesados como el plomo, el cadmio y el mercurio. Se trata, en la mayoría de los casos, de sustancias bioacumulativas -que se acumulan en los tejidos de los organismos vivos- y tóxicas.

Consideramos, pues, que la reducción de los niveles de emisión de CO2 y SO2 no se pueden aislar de los demás contaminantes que se producen en la combustión del fuel blending. Hay que hablar, por tanto, de los contaminantes de forma total, ya que no es de recibo que se cumpla con el protocolo de Kioto respecto a las emisiones de efecto invernadero y no se cumpla con el convenio de Estocolmo en lo relativo a los contaminantes orgánicos persistentes (COP´s), dioxinas y furanos.

En segundo lugar, y en cuanto a las emisiones, cabe referirse a una de las cuestiones que no se menciona nunca: qué ocurre cuando se produce un rápido movimiento del clinker (cenizas endurecidas) desde las partes altas del horno a las más bajas. A menudo, el clinker se separa y cae como una avalancha generando gases calientes que causan un tremendo aumento de la presión en esta parte del horno. Por motivo de seguridad, y para que no se produzcan explosiones y no se dañe el equipamiento del horno, se instalan válvulas de escape. Ante la presión, estas válvulas se abren rápidamente liberando al medioambiente una nube de polvo cargada de contaminantes cuya combustión ha sido parcial. De esta forma, y al no haber tenido una combustión completa, las emisiones no pasan por los sistemas de control de la contaminación, a pesar de tratarse de compuestos muy tóxicos. Las válvulas permanecen abiertas hasta que, o bien se repara la avería, o bien se soluciona el problema, incluso después de que haya descendido la presión.

Este proceso descrito genera un grupo de sustancias denominadas "productos de combustión incompleta", que se generan en los lugares de la instalación en los que ocurre un descenso de la temperatura (chimenea de humos, equipos de control de la contaminación o, incluso, en la atmósfera exterior de la cementera).

Del mismo modo, análisis efectuados por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) estadounidense sobre muestras de cemento y polvo del horno han revelado la presencia en todas ellas de dioxinas y furanos. Solamente se detectó la TCDD (la dioxina más tóxica) en las muestras que procedían de cementeras que quemaban residuos peligrosos. Está claro que la utilización de residuos industriales aumenta la cantidad de sustancias tóxicas presentes tanto en el polvo de cemento como en el propio cemento.

En cuanto al argumento de la utilización de fuel blending por las cementeras de varios países europeos, hay que citar las investigaciones que la organización internacional Global Alliance for Incinerator Alternatives (GAIA) ha realizado en relación con las poblaciones que se encuentran cerca de las cementeras que utilizan este tipo de combustible. Así, estas investigaciones destacan que las citadas poblaciones se encuentran potencialmente expuestas a productos químicos, bien por la inhalación del aire contaminado, bien por el consumo de productos agrícolas locales (verduras, huevos y leche), o bien por el contacto directo con el suelo contaminado. En sus estudios, la GAIA ha detectado asimismo un incremento significativo de los niveles de dioxinas en los tejidos corporales de personas que viven cerca de cementeras. En Finlandia, por ejemplo, se encontró que la proporción de mercurio en el cabello de las personas que vivían cerca de una cementera era superior al del resto de la población, posiblemente debido a las emisiones de la planta. En España, por su parte, se detectaron niveles elevados de tioéteres en orina -un biomarcador de exposición a tóxicos-, en niños que vivían cerca de una planta con tecnología moderna.

Para terminar, desde CC OO queremos dejar clara nuestra apuesta por una gestión medioambiental integral en la empresa que pase por el mantenimiento de los puestos de trabajo con todas las garantías de seguridad, salud laboral y protección del medio ambiente. Si de verdad Cementos Alfa quiere apostar por la mejora ambiental y económica de la empresa, debería buscar alternativas que permitan, por ejemplo, utilizar combustibles realmente alternativos como el biodiesel o el bioetanol, o aprovechar los gases de combustión para generar electricidad, medidas que en ambos casos asegurarían la reducción de los costes de producción de cemento.

Creemos que este tipo de apuestas sí que garantizarían los puestos de trabajo y la viabilidad de la empresa con respecto a las nuevas exigencias ambientales que establecen la Ley de Prevención y Control Integrados de la Contaminación (LPCIC), el Protocolo de Kioto o el convenio de Estocolmo. Se trata, en definitiva, de aportar soluciones positivas que tengan siempre y en todo momento como premisa fundamental la protección ambiental y de la salud pública. La reducción de los niveles de emisión de CO2 y SO2 no se pueden aislar de los demás contaminantes

 volver