Prensa: Los vecinos de Alicante atribuyen a la cementera la extraña acumulación de casos de cáncer

30 personas han fallecido en los últimos años en los barrios de Rabasa y Divina Pastora

REBECA LLORENTE. Alicante/02-09-02

Los vecinos de los barrios alicantinos de Rabasa y Divina Pastora viven atemorizados ante la "plaga" de cáncer, que según dicen los residentes, azota con especial virulencia a este núcleo urbano, desde hace diez años. Más de 30 personas muertas y otras tantas afectadas engrosar la lista negra de personas tocadas por esta patología provocada, según los vecinos, por la cementera y la planta hormigonera próximas al lugar. Ahora dos informes técnicos confirman esta tesis y relacionan directamente este tipo de instalaciones con la aparición de casos de cáncer.



Dos informes recientes realizados por especialistas en medicina preventiva del sindicato CC 00 y del Hospital de Dénia (Marina Alta) avalan las sospechas y temores de estos vecinos: la proximidad de fábricas de cementos a núcleos urbanos influye en la aparición de casos de cáncer entre la población y la predispone, además, a sufrir otras patologías, como la tuberculosis, coinciden en sus conclusiones ambos estudios. El caso de Mari Carmen Bernabéu, de 59 años, es conmovedor, Mari Carmen, enferma de cáncer, vive desde hace 30 años en la calle Maestre San Juan de Rabasa. Sufrió hace tres años la pérdida de su hijo pequeño de 23 años, víctima de una leucemia. Mientras su hijo agonizaba en el Hospital de la Fe de Valencia, ella era intervenida de proceso cancerígeno en un pecho. Ahora, los médicos le han detectado, de nuevo, otros dos tumores en la vejiga. El único hijo que le queda tampoco se libró del cáncer. Fue operado de un tumor en los testículos, aunque, en este caso, resultó benigno.

El caso de la familia de Mari Carmen no es aislado. Los inquilinos del domicilio contiguo corrieron una suerte similar. Los dos miembros del matrimonio fueron víctimas del cáncer. A él, le realizaron una traqueotomía y su mujer está operada de un tumor de colon. Pero la desgracia mayor ocurrió hace unos años, cuando el hijo del matrimonio, entonces con 47 años, murió de la misma patología. Unos metros más allá, en el número 20, el matrimonio falleció, ambos como consecuencia de un cáncer. Ahora, una de las hijas, de unos treinta años, padece un pólipo.

Uno de los estudios, elaborado por la especialista en medicina preventiva y salud pública del Hospital de Dénia, Rosa Manrique, podría avalar y respaldar la tesis de los vecinos. Según sus conclusiones, el polvo de cemento es un factor de riesgo pulmonar, dado que contiene silicatos que tienen una cierta capacidad fibrogénica sobre el pulmón. Por lo tanto, los efectos producidos sobre la salud dependen, según la especialista, de la cantidad de polvo inhalado y acumulado. Rosa Manrique asevera, además, en su' informe que el tiempo de aparición de las manifestaciones clínicas a causa de la inhalación de este polvo varían entre uno y veinte años. La experta ha realizado el estudio a petición de los vecinos de Beniarbeig (Marina Alta), que han iniciado una serie de movilizaciones contra la ubicación en la localidad de dos industrias cementeras.

En la misma línea apunta otro informe elaborado por CC 00. Según el documento, Gula sindical para el seguimiento y prevención de riesgos derivados de la coincineración c n cementeras, las emisiones de metales pesados, partículas, dioxinas y furanos generan unos efectos graves en la salud de las poblaciones vecinas. Entre los perjuicios, señalan el aumento de la mortalidad atribuida a cánceres hepáticos y presencia anómala de cromosomas dañados entre niños. Este documento remite a un trabajo de investigación realizado en Suecia en 1999, donde se constató un aumento de 3,5 veces de la probabilidad de mortalidad de cáncer de laringe entre los trabajadores de una incineradora. Los vecinos de Rabasa, ajenos a ambos estudios cientificos, insisten en su intuición personal: "A mí no me quita nadie de la cabeza que el culpable de todo este daño es eso de ahí", dice Mari Carmen mientras señala con el dedo índice hacia la fábrica. "Es un demonio, aquí estamos cayendo todos como pájaros. Quien no lo tenga que lo espere", vaticina.

Fuentes del grupo Cemex, empresa matriz de la hormigonera y de las dos cementeras, ubicadas en Alicante y Sant Vicent del Raspeig, niegan cualquier vinculación entre el cáncer y el hormigón o cemento. "En los últimos 30 años, no ha habido ningún caso de cáncer entre nuestros trabajadores", aseguraron.

Fuentes de la Consejería de Sanidad indicaron, por su parte, que las conclusiones preliminares del estudio epidemiológico descartan también cualquier relación directa entre la instalación y la incidencia de la enfermedad. Sin embargo, muchas de las viviendas ubicadas en la calle Samaniego cuentan con varios miembros de una misma familia que padecen cáncer o murieron por este motivo. Hasta una decena de números entre el 11 y el 56 integran la lista negra de casas marcadas por el cáncer. "Hay casos de personas muy raros. Gente joven, sana, con unos hábitos alimenticios y de vida saludables. ¿Cómo puede ser que haya tantas personas jóvenes afectadas por este mal?", se pregunta Ventura Fernández, vecino de la calle.

Una permanente nube de polvo

R.LL, Alicante


Los casos de personas afectadas por cáncer se circunscriben a las tres calles del barrio de Rabasa que están más cercanas a una hormigonera. La factoría, del Grupo Cemex, está ubicada a unos 50 metros de la calle más cercana de Rabasa y a unos 300 metros de Divina Pastora, barrios periféricos de la ciudad de Alicante con algo más de 3.000 habitantes. Tres kilómetros más allá se ubica además una cementera de la misma firma donde también se incineran harinas cárnicas. El campus de la Universidad de Alicante, con 35.000 personas entre profesores y alumnos, también se encuentra en este radio de Influencia.

La imagen del entorno de la hormigonera es más propia de un polígono industrial que de un área urbana como en la que está ubicada. Los árboles que rodean el recinto han perdido su natural color verde y están cubiertos de una densa capa de polvo.

Los vecinos cuentan que los días de viento, el barrio se cubre de esa especie de arena blanca que apenas deja respirar, señala Ventura Fernández, de 60 años, propietario de una vivienda en la calle Samaniego y operado de dos pólipos malignos en los testículos. Los residentes en estas tres calles, un entramado de casas bajas colocadas en hilera, viven bajo el miedo desde el último decenio, cuando la tranquilidad se tornó en preocupación. Los residentes atribuyen el "elevado" número de casos detectados en los últimos diez años a la existencia de las plantas de cemento y hormigón; sospecha que ahora constatan dos informes elaborados por especialistas en medicina preventiva.

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