El antiecologismo como argumento

  28/05/2004
JAVIER ÁLVAREZ GARCÍA/CATEDRÁTICO DE DERECHO PENAL

La beligerancia antiecologista de un reciente artículo de opinión firmado por D. Jesús Cabezón Alonso, un político fundamental del PSC-PSOE y en la actualidad presidente de la Obra Social de Caja Cantabria, no hace sino reconocer la importancia alcanzada en nuestra región por este joven movimiento social. Cuando los adversarios del ecologismo activo se multiplican y obtienen la máxima categoría, esto significa, para la mayoría de la opinión pública, que su influencia en la toma de decisiones es cada día más fuerte.

En la referida 'Tribuna Libre', publicado por EL DIARIO MONTAÑÉS el 28 de marzo, el señor Cabezón esgrime que los ecologistas se oponen (y con éxito, a deducir de su exaltación verbal) a proyectos que valora muy importantes para Cantabria como puertos deportivos, campos de golf, centrales térmicas, polígonos industriales, etc. Además, el ex-diputado socialista asegura que esta oposición se realiza sin rigor, con visión alicorta y fundamentalista, sorprendiéndose de la facilidad con que prenden los argumentos opositores en cada vez mayores capas sociales. Semejante línea de pensamiento entronca perfectamente con la manifestada por numerosos representantes de la clase política regional, pero lo que más llama la atención de este tipo de descalificaciones de grueso trazo es que se lanzan sin apoyarse en ningún argumento racional, discutible o valorable, practicando con fruición aquello de lo que pretende acusar a sus eco-adversarios.

Verdaderamente no parece serio mantener que los ecologistas son cuatro descerebrados que se oponen a todo lo que signifique progreso «porque sí», por fastidiar, y que además disponen de la receta para cocinar una pócima mágica para engañar a miles de cántabros y doblegar la voluntad de empresarios, Ayuntamientos y Gobiernos Autónomos. Mantener esta tesis solo es posible desde la desinformación más absoluta o desde el encono personal.

Muy al contrario, el pensamiento ecologista dispone de un heterodoxo pero coherente modo de observar la realidad y afrontar su transformación, con unas propuestas muy definidas y fundadas en unos principios ético excepcionalmente renovadores, como son el rechazo al modelo consumista, su apuesta por incluir en el reparto de derechos a los que aún no han nacido, o la expresa renuncia que hace a la detentación del poder y a cualquier forma de agresividad para la resolución de los conflictos.

El antiecologismo como argumento cae de bruces ante la simbiosis de ciencia y conciencia, de pensamiento y sentimiento, de las propuestas ecologistas: no se combate a ultranza la construcción de campos de golf, sino que se ubiquen junto a los acantilados y unidos a proyectos de especulación urbanística muchas veces ilegales; nada que objetar a las centrales térmicas de ciclo combinado, siempre y cuando aporten un balance positivo en la cantidad de emisiones de efecto invernadero y no se instalen en el corazón de una ciudad con 60.000 habitantes que ya soportan un aire de pésima calidad; todos los polígonos industriales que sean necesarios para el desarrollo de Cantabria, pero sin sepultar llanuras de inundación y marismas, dos de los espacios biológicamente (y económicamente) más productivos del planeta, etc.

Pero fijémonos, para terminar, en el proyecto de coincinerar residuos tóxicos y peligrosos de Cementos Alfa S. A. El debate sobre este proyecto se ha abordado desde diversos aspectos, menos desde el que más atención prestan los ecologistas, quizás porque el conjunto de la ciudadanía, de los medios de comunicación y de las distintas Administraciones, siguen empeñados en «no ver el bosque». Porque la puesta en marcha de este proyecto es incoherente con las políticas y objetivos de reducción, reutilización y reciclaje de residuos ordenados por la legislación estatal y comunitaria, en donde se prioriza de forma jerárquica la reducción, la reutilización, el reciclaje y la valorización energética. Estas políticas son fruto de la lucha ecologista durante décadas y, lógicamente, no estamos dispuestos a renunciar a ellas.

Cantabria, para vergüenza y desgracia de todos, carece de un Plan de Gestión de Residuos Tóxicos y Peligrosos, pero es que si se pone en marcha el proyecto de Cementos Alfa se impediría disponer de uno en el futuro porque prácticamente el 100% de este tipo de residuos iría a parar a los hornos de la empresa radicada en Mataporquera. Valga como ejemplo el caso de los neumáticos y de los residuos de fragmentación de vehículos, porque Alfa S. A. pretende incinerar la totalidad de los residuos de este tipo que se generan en nuestra región, cuando el objetivo de los planes nacionales de neumáticos y vehículos fuera de uso son el recauchutado de al menos un 20% en peso de los neumáticos y un reciclado del 25% de los mismos, y un objetivo de reutilización y reciclaje de al menos un 80% en peso de los vehículos fuera de uso.

No, Sr. Cabezón, no se trata de impedir el progreso, sino de posibilitar progresos razonables vinculados a políticas que impidan que se arrase o que se pervierta el medio donde se desarrolla nuestra vida.


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